3 grandes (e imprescindibles) novelas románticas

Son auténticos novelones con grandes historias de amor, personajes inolvidables, tramas apasionantes. Tres lecturas imprescindibles para las lectoras incondicionales del género. Son novelas de las que levantan pasiones y no dejan indiferente, cada una con su estilo y su ambientación. A mí me gustaron las tres, unas más que otras, pero sin duda las recomiendo «muy mucho».

captura-de-pantalla-2016-11-24-a-las-11-16-39Flores en la tormenta de Laura Kinsale

Es una de mis novelas románticas  favoritas, si no la más. Todo un clásico ya del género, que no me canso de releer cada cierto tiempo porque la forma de escribir y expresar las emociones de esta autora enamoran. Es un lujo leer una novela romántica tan bien escrita y documentada, en la que cada palabra y cada detalle contribuyen a dotar de sensualidad la historia. Me encanta el personaje de Maddy, la cuáquera solterona, sencilla y humilde, y el de Christian, duque de Jervaulx, un juerguista, mujeriego, con una mente brillante para las matemáticas, orgulloso, apasionado. Dos mundos totalmente opuestos en la Inglaterra del siglo XIX, que se van a encontrar en la relación que establecen ellos dos desde el momento en que a él le da un ictus que le paraliza el habla y medio cuerpo, y ella se convierte en su enfermera dentro de la institución mental en la que lo recluyen. A partir de ahí, la historia discurre a impulsada por el conflicto interno que mantiene cada uno consigo mismo —ella por preservar sus valores y creencias; él por recuperar el control sobre sí mismo y volver a ser el duque—, con su entorno y entre ellos dos. Personalmente, creo que Flores en la tormenta es una novela que dignifica el género romántico.

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¿Quién dice que las mujeres casadas no hablamos de amor?

Quién dice que las mujeres casadas no hablamos de amor

Hay un tipo de novelas de amor que a mí me gusta especialmente: las historias de segundas oportunidades. O el redescubrir y enamorarte de alguien que ya conocías. Y dentro de estas, me encantan unas que son casi rarezas porque las protagonizan una pareja estable o un matrimonio.  Son rarezas porque aunque el matrimonio (o similar; a mí me valen alternativas menos convencionales) es el ansiado broche feliz de cualquier novela romántica que se precie, parece ser que lo que ocurre diez, quince o veinte años después, no nos interesa demasiado como lectoras. No queremos leer ni hablar mucho de eso. Será porque ya no está la emoción del periodo de enamoramiento, ni las mariposas en el estómago, ni la sensualidad, ni el deseo sexual constante e irresistible, como ocurre en las historias románticas habituales. Lo que sí está es la vida real, el día a día, las preocupaciones de cada uno, los niños/adolescentes, el trabajo, los conflictos normales de la convivencia en  pareja.

Hablando sobre esto y otras ideas variopintas para novelas, una amiga me dijo: “es que no quiero leer sobre lo que tengo en casa; quiero volver a enamorarme en cada historia que leo, volver a vivir esa emoción”. Porque en su matrimonio no siente ya esa emoción del principio. Lo normal, vamos. Las relaciones cambian y evolucionan en igual medida que evolucionamos nosotros como personas. Con el paso de los años, cambia lo que le pedimos a nuestra pareja, a nuestra relación, a nuestra idea de “felicidad individual” y “felicidad conyugal”. Y menos mal. Sin embargo, creo que siempre debe haber unas bases sólidas e inamovibles a las que aferrarse cuando la cosa se tambalea: que siga existiendo amor, atracción, respeto y ganas de esforzarse un poco para solucionar desajustes y desencuentros. Sin eso, apaga y vámonos.

Esto me hizo recordar un par de libros de amor que me gustaron mucho en su día: uno era “Las mujeres casadas no hablan de amor”, de Melanie Gideon, y el otro “Mírame a los ojos”, de Sarah Pekkanen. Son muy distintos pero ambos tienen en común historias de amor contemporáneas de parejas ya casadas, que por una razón u otra, viven un momento de conflicto, de distanciamiento. 

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3 novelas románticas ambientadas en el mundo deportivo

A priori, podría parecer una combinación arriesgada: romance ambientado en deportes tradicionalmente masculinos que, a la mayoría de las mujeres, no nos interesan (y menos en España). ¡Que levanten la mano las fervientes seguidoras del hockey hielo! O del football americano (alguna más habrá, seguro).

Sin embargo, algunas autoras norteamericanas consiguen que nos hagamos admiradoras de esos estupendísimos jugadores de football americano o de hockey, guapos, duros y poderosos por fuera, tiernos y románticos por dentro, gracias a sus novelas cargadas de humor, sensualidad, glamour y mucha testosterona. Con esos cuerpazos… ¿quién se resiste?

Cázame si puedesCázame si puedes de Susan Elizabeth Phillips

Susan E. Phillips ha hecho de este tipo de novelas un éxito con su serie de los Chicago Stars, que a mí personalmente me encanta. De las que he leído, creo que mi preferida es “Cázame si puedes” (Match me if you can; no sé si a alguien se le escapó una z en vez de una s al traducir el título porque creo que la traducción debería ser Cásame si puedes), una historia muy divertida entre la joven y atípica empresaria de una pequeña agencia matrimonial y Heath Champion, un exjugador, ahora agente deportivo de jugadores de los Chicago Stars, ambicioso y adicto al trabajo, que contrata sus servicios porque no tiene tiempo ni para buscar novia. Y no quiere a cualquiera, no. La quiere guapa, educada, dulce, inteligente, de buena familia y al mismo tiempo, tradicional. O eso cree él. Traerá de cabeza a la pobre Annabelle, que por más que le presenta candidatas, las rechaza a todas hasta que encuentra por fin a la candidata ideal pero… Leedlo. SEP es una maestra de este género.

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3 novelas románticas históricas de autoras españolas

Prejuicios. Esa palabra tan janeausteiniana que define esa manía tan humana de opinar de manera desfavorable sobre lo que se conoce mal o de oídas, que dice la RAE. Confieso que en esto de la novela romántica yo tenía algunos prejuicios que ahora me empeño en derribar, por eso de llevarme la contraria a mí misma.

Mi primer prejuicio fue con la novela romántica histórica. No sé por qué. Supongo que pensaba que eran historias cursis, desfasadas, que no me gustarían. Tardé mucho en leer la primera y me encantó. La ambientación estaba muy documentada, las tramas eran interesantes, emocionantes e, incluso, divertidas. Las escenas de amor eran sexis, como dicen las norteamericanas cuando quieren mencionar que hay alguna escena de sexo explícito.

A fin de cuentas, eso lo que le pido a este tipo de libros: rigor en la ambientación histórica, un cierto uso del lenguaje y el vocabulario que, sin ser arcaico o anquilosado, sea más afín al momento, y personajes coherentes, que actúen de acorde a la época (soy flexible en este punto, sobre todo en las relaciones sexuales y en lo relativo a las mujeres, cuyo papel en aquel momento era casi nulo, pero hace poco comencé una novela cuyos personajes hablaban y actuaban como si los hubieran teletransportado de la época actual al siglo XIX inglés, y la dejé). Además de todo esto, lo que le podría pedir a cualquier otra novela, buenas historias, bien escritas, entretenidas.

El primer libro romántico histórico que cayó en mis manos era de una autora norteamericana, Lisa Kleypas, que cuenta con numerosas novelas ambientadas en la época de la Regencia inglesa (1811-1820) y en la Victoriana (1837-1901). Hasta el momento, casi todo lo que he leído es de esas dos épocas. Poco variado, si tenemos en cuenta que dentro de la novela romántica histórica hay muchos subgéneros: medieval, highlander, eduardiana, del Oeste, vikinga, colonial americana, o con mezcla de subgéneros como Outlander, que une un viaje en el tiempo (¿ciencia ficción?) con highlanders. Y seguro que me dejo más de uno sin nombrar.

Mi segundo prejuicio lo tenía con la novela romántica histórica escrita por autoras españolas. La ignorancia, que es muy mala. Pensaba que como las anglosajonas, ninguna. Y es cierto. Son verdaderas maestras en romance histórico, pero en el último año he descubierto que aquí también tenemos buenas autoras de novela romántica histórica. Todavía no he leído tantas como para tener favoritas, pero las novelas que aquí reseño me han parecido tan buenas como cualquier otra de autora anglosajon, aunque solo una de ellas sea de Regencia.

Cuando la pasión espera, de Ruth Lerga

Captura de pantalla 2016-05-19 a las 23.11.27Esta fue la primera novela que leí de una autora española, Ruth Lerga, que escribe novela romántica ambientada en el periodo de Regencia inglés. Y me sorprendió porque parecía escrito por una de esas expertas escritoras norteamericanas a las que, debo decir, no tiene nada que envidiar: está bien ambientado, tiene diálogos ágiles e ingeniosos, personajes atractivos y bien definidos, y una relación emocionante y apasionada entre ambos, que no dejan de retarse durante toda la novela.  Nicole es una joven resuelta e ingeniosa que se siente engañada por Richard, el mejor amigo de su hermano, quien la cortejó un año atrás para vengarse de que éste se hubiera enamorado a su vez, de su hermana. Está escrito con humor, sensualidad y un estilo ágil que invita a disfrutar con su lectura.

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3 libros de amor y desamor

El amor y el desamor nos remueven por dentro. Nos enfrentan a esa parte de nosotras mismas que vuela, duda, sufre, se desborda en sentimientos encontrados. Muchas veces, amor y desamor nos hacen crecer; nos volvemos más sabias, más maduras. Y más fuertes, pero también más vulnerables. Porque al amar, nos mostramos por completo, nos damos.
¿Quién no ha sufrido por amor alguna vez? ¿Quién no ha perdido a alguien con quien esperaba pasar el resto de su vida? La literatura está llena de estas historias, como no podía ser de otra forma: el amor es uno de los motores de la Humanidad.

Aquí comento tres libros que tratan este tema de muy distinta manera: desde la reconstrucción de una joven abandonada por su novio, a los relatos de amor (y desamor) de un enamorado a una chica con la que le une su admiración por un grupo de música (y otras muchas cosas, claro), o la historia de la superación, íntima e intensa, de una mujer tras el fallecimiento de su marido.

978840803142La vida imaginaria, de Mara Torres

Cuando Beto deja a Nata, esta tiene que inventarse una vida nueva, porque la suya sólo se la imagina con Beto. Evadirse de la realidad, imaginar e idealizar su relación se le da muy bien a esta chica, que ha vivido demasiado tiempo a través del que fuera su novio. Así que, cuando éste rompe con Nata, ella tiene que aprender a vivir su propia vida, desmontar sus recuerdos y comenzar de nuevo. A partir de ahí comienza esta historia tierna, divertida y optimista que Mara Torres narra con un estilo muy fresco y sencillo al que te enganchas desde la primera página hasta el final. Valoración personal: 3,5

 

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Amigas estupendas, imprescindibles y complejas

amigas_webMe he terminado estos días Un mal nombre, segundo libro de la Cuatrilogía  Dos amigas, de Elena Ferrante, que cuenta la amistad de Lenú (la narradora) y Lila, a lo largo de su vida desde su infancia en uno de los barrios más pobres de Nápoles. Me lo he leído incluso más rápido que el primero porque la historia se te agarra al pecho, te mantiene en vilo en cada una de sus 554 páginas, siguiendo el hilo de los sentimientos contradictorios de estas dos amigas,  y ya no te deja respirar hasta que termina en un ay, deseando correr a abrir el siguiente tomo y continuar leyendo.

Cuando leo un libro que me atrapa, me entra una curiosidad enorme por el autor/autora. De Elena Ferrante se sabe poco porque es un seudónimo que utiliza la escritora para ocultar su verdadera identidad, pero me llamó mucho la atención lo que decía en esta entrevista que le hicieron: al escribir, necesita descubrir que se acerca a la verdad en el relato. Si no es así, lo deja. Y la historia de Dos amigas suena tan verdadera, que parece como si fuera la suya propia.

Estas dos mujeres mantienen a lo largo de su vida una relación complicada en la que se entrecruzan familias, amigos, novios, aspiraciones individuales y colectivas del barrio en el que viven, y retrata con bastante profundidad una de esas amistades tan propia de nosotras, las mujeres, en la que Lenú y Lila se mueven del amor a la rivalidad, de la lealtad a la traición, de la envidia por los éxitos de la otra a los celos, al y yo más, o al no puedo estar ni contigo ni sin ti… Y esta historia me ha tenido rumiando varios días sobre la influencia que tienen algunas personas en nuestra vida, sobre la construcción de la propia identidad, o sobre cómo nos vemos reflejadas en las miradas de los demás.

Dicen que nunca antes de esta trilogía la amistad entre dos mujeres había sido el tema central de una novela, ¡con el juego que damos! Más allá de los tópicos que aparecen de vez en cuando en las películas, creo que las mujeres tenemos un universo propio y rico de amistades y sentimientos entre nosotras sin los que no podemos vivir. ¿Os imagináis qué sería de nosotras sin nuestras amigas?

No sé si habéis tenido alguna vez una amistad de amor/rivalidad, como la que cuenta este libro. Yo sí. Fue hace mucho tiempo, con la que fue mi mejor amiga durante la infancia-primera adolescencia: una niña guapísima, simpática, deportista, que servía de ejemplo continuamente a los que me rodeaban, mientras que lo poco en lo que yo conseguía destacar era en mis calificaciones. La admiraba y al mismo tiempo, la envidiaba. Y quizás ella me envidiaría a mí otras cosas porque pasábamos de ser “las mejores amigas del mundo” a “enfadarnos para siempre” en cuestión de minutos. Ya en el instituto, nos distanciamos. No sé por qué, pero al igual que Lenú en algunos momentos del libro, sentía que era mejor para mí alejarme de ella e intentar reafirmarme yo misma, tal y como era, sin compararme constantemente con ella. Y finalmente, cuando mi familia se mudó a vivir fuera un año, perdimos el contacto definitivamente.

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Hace un tiempo alguien me preguntó cuántas amigas “de verdad” tenía, de esas a las que se lo cuentas todo.  Lo pensé unos segundos y le respondí que como doce o trece. Y esa persona me dijo: no, digo amigas de verdad; amigas de las que se cuentan con los dedos de una mano. Reduje el número bastante, pero en realidad, era mentira. Lo cierto es que tengo suerte: tengo una buena lista de “amigas de verdad” que he ido sumando a lo largo de mi vida y que aún no descarto seguir aumentando.

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