¿Qué celebrar el día de San Valentín después de 20 años de matrimonio?

Qué celebrar en San Valentín tras 20 años de matrimonio

Me preguntaba yo estos días que qué vamos a celebrar nosotros, que lo tenemos todo celebrado, enamoramientos, luna de miel, bodas, bautizos y comuniones, amén de altibajos varios. Después de 20 años de matrimonio, ¿qué nos vamos a contar nuevo que no sepamos? ¿Para qué necesitamos nosotros un San Valentín?

De propósitos y manifiestos personales

Manifiestos personales

Mis arranques de año son lentos, un poco contemplativos. Brujelo por aquí, por allá. Dudo, luego leo. De todo un poco, como si necesitara realimentarme. O inspirarme, no sé. Después ya me centro y me pongo con los propósitos marcados. Últimamente, me tienta redactar un pequeño manifiesto personal (y privado). Algo así como un qué soy, en qué creo profundamente, qué me mueve, qué quiero hacer y cómo quiero vivir aquello en lo que creo. Casi nada.

Todo cuanto fue 2018 y el misterio de lo que será 2019

Decimos adiós a 2018 y nos abrazaremos al 2019, un número que a mí me suena a misterio: el regalo de la vida envuelto en el misterio de vivirla. No sabemos lo que vendrá, pero sí lo que ha dado de sí un año que ya no será un número, sino que tendrá su nombre especial ligado a un montón de recuerdos que repaso aquí, a modo de brindis de despedida.

El circo de las mariposas

Cartel de El circo de las mariposas
Me llegó hace tiempo.  Lo vi sola, lo vi con mis hijos, lo vi con amigos… y todavía hoy, me sigo emocionando al verlo. Quizá lo conozcáis, pero si no, os animo a sentaros y disfrutarlo. Es maravilloso.

El corto “El circo de las mariposas” trata sobre las limitaciones que nos ponemos nosotros mismos, sobre cómo nos influye la mirada de los demás en nuestra propia percepción, sobre la belleza que hay en todas nuestras imperfecciones, sobre la dignidad…

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No es un #8demarzo cualquiera

Ilustraciones de Tina Berning
Ilustraciones de @Tina Berning en Instagram

 

Aspiro, señores, a que reconozcáis que la mujer tiene destino propio; que sus primeros deberes naturales son para consigo misma, no relativos y dependientes de la entidad moral de la familia que en su día podrá construir o no construir; que su felicidad y dignidad personal tiene que ser el fin esencial de su cultura, y que por consecuencia de ese modo de ser mujer, está investida del mismo derecho a la educación que el hombre.

Emilia Pardo Bazán,
en su discurso del Congreso Pedagógico Hispanoamericano. Madrid, 1892

Esta cita, que precede al inicio de El Indiano, estuvo a punto de cambiarle el título en el último momento. Desde que escribí la primera página, el documento sobre el que trabajaba se llamó Indiano, a secas. Era la historia de Héctor Balboa, lo tenía claro. Pero luego llegó Micaela y comencé a leer escritos de Concepción Arenal, como La mujer del porvenir y otros, así como documentos sobre los congresos pedagógicos de 1882 y 1892, y sobre las maestras y la educación en España en aquellos años. Y después apareció el torrente desbordante de Emilia Pardo Bazán, primera feminista invisible, aún poco reconocida (en mi opinión), y Micaela quiso eso por lo que que doña Emilia clamaba, como voz en el desierto, para las mujeres de su época: Un destino propio.

Tanto en el congreso pedagógico de 1882 como en el de 1892 con el que termina la novela y en el que habló Pardo Bazán, se pedía la misma educación para niños que para niñas. No era aceptable que los niños aprendieran matemáticas, física, naturales o historia y que el programa de las niñas fuera higiene doméstica, bordados y costura, nociones básicas de matemáticas para llevar una casa, y doctrina religiosa, en el caso de aquellas que pudieran ir a la escuela, que eran una minoría. Y por supuesto, para ellas estaba vetada la educación secundaria. ¿Para qué?

En el congreso de 1892 ya se reclamaba la igualdad salarial entre los maestros y las maestras. Había una «brecha salarial» sangrante ente ambos. Y también se reclamaba el derecho a trabajar en la profesión que ellas desearan, sin restricciones. No lo consiguieron, claro está. Los hombres y también las propias mujeres, no lo consideraban adecuado.

Han pasado 125 años desde entonces y hemos progresado mucho en lo que a la situación de la mujer se refiere, sobre todo en los últimos 40 años pero, ¿lo suficiente para el momento en que estamos, de avances en todos los sentidos?

Ahora es el momento. Time is up.

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